Calzoncillos limpios

El dueño de este blog huele el delicado aroma de una  hoja, antes de la partida,
en presencia  de su oponente al que, gentilmente, dará la mano antes de comenzar.






 
«Baños de agua y de vapor y sus secuelas, que recalientan el cuerpo  y los humores,
debilitan la naturaleza  y abren los poros, son  causa de muerte y de  enfermedad»
Lo limpio y lo sucio,  Georges Vigarello




Cualquier árbitro veterano se ha ocupado muchas veces de lo limpio y de lo sucio en la partida viva de ajedrez. Hoy me apetece sólo ser anecdótico. Otro día seré más pedante y hablaré de categorías y del área de contacto en el ajedrez.

Les contaré hoy algo de mi experiencia.  Por ejemplo, aquella ocasión en que me reclamaron que hiciera algo contra la suciedad de dos jugadores, profesionales, maestros. Tenga en cuenta el lector que era un día especialmente caluroso de verano. ¿Y eso qué importa? ¡Mucho!

Uno de los profesionales lucía una ostentosa mancha parda y pegajosa en el trasero. Quizá alguno reconozca el caso y sepa que no exagero (¡guarde silencio!). Los árbitros sensatos no deseamos tener problemas y menos de esta delicada naturaleza. Muy a mi pesar, percibí la capacidad de aquella suciedad para alterar la concentración deportiva.
No siempre se rehúye el contacto

Esto es importante, ya que arbitralmente no se trata de una cruzada moral por la limpieza. Ese no es el objetivo. Para que la suciedad merezca la atención arbitral debe tener la cualidad de ser anti-reglamentaria, es decir, que tenga la capacidad de alcanzar físicamente a los oponentes en uno o más de sus sentidos, y molestar su juego de manera excesiva bajo algún standard razonable. La suciedad que no trasciende, no concierne al árbitro. (Eso, quizá, hasta ciertas normas recientes de la ECU...).


Así que llamé reservadamente a los maestros, respetando su dignidad, y les leí un artículo de las Leyes del Ajedrez en el que hábilmente basaría mi decisión de excluirlos del torneo, si antes de la ronda siguiente no ponían solución eficiente y drástica al problema.

Pocos minutos después -era un torneo de ajedrez rápido- ambos jugadores se presentaron ante mí  con la cara y las manos y la ropa limpias. Incluso bien peinados (esto no es una exigencia reglamentaria). "Hasta nos hemos cambiado de calzoncillos", me dijo uno de ellos, exhibiendo un exceso de buena disposición. Cambiar los calzoncillos no era precisamente un lujo sino una necesidad imperiosa... Todo ello muestra, una vez más, como sostenía Radbruch, que el delincuente reconoce la autoridad de las reglas.

El área de contacto
En otra ocasión una jugadora extranjera me pide que la salve, que la libre de la agresión visual y ética de cierto gran maestro. "¿Es inevitable jugar contra "él"? No lo puedo soportar. ¿Por qué a mí? Ya he jugado contra él en Italia hace poco", me dice, contrariada por su destino, como si un árbitro pudiera considerar el balance de pasadas partidas en torneos ajenos. Mostraba todas las posibilidades:"si es ineludible, ¿no podría usted declararle perdido? Eso es lo justo."  O en su defecto, "¿no podríamos jugar ambos en mesas distintas?". No, no podía ser. El ajedrez es un deporte de contacto y algún contacto hay que soportar... Un árbitro no puede tomar demasiado en cuenta los recuerdos.

O hace mucho tiempo, en un campeonato provinciano, me pidieron ayuda contra un participante que obtenía alivio del calor quitándose los zapatos. Aquellos jugadores tenían toda la razón ya que el penetrante efluvio ocupaba un lugar imperioso en sus cerebros, desplazando poderosamente al ajedrez, que era a lo que habían venido. El árbitro reconoció que aquellos pies tenían una incidencia excesiva en el juego. Sin ajedrez no hay ajedrez y el árbitro protege el juego.

¿O qué decir de los intensos aromas de alcohol de aquel otro oscilante jugador? ¿O de la untuosa y ostentosa sucia mano tendida antes de comenzar la partida? ¿O de la suciedad incrustada en los elementos materiales del juego? ¿Cuando puede decirse de unas piezas que están sucias? Etcétera, etcétera.
  
Pero también existe otro tipo de suciedad o de limpieza. El de ese capítulo inmenso de la limpieza metafórica, el fair play, que influye en multitud de aspectos y que constituye un principio básico del juego. Este es un tema largo y no se trata de agotarlo todo ahora. Lo limpio y lo sucio en el ajedrez da para una tesis doctoral. ¿O no?
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14 comentarios :

  1. Realmente genial! De lo mejor que te he leido en mucho tiempo!....¿para cuándo un libro de anectadotas?

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  2. Pues tengo que decir, que en el ultimo campeonato de España División de honor varios jugadores se quejaron del hedor de un jugador que evidentemente no voy a mencionar, para que por favor apareciera en las partidas limpio y duchado, que había recibido quejas de varios jugadores.
    Y asi fue hubo que regalarle una camiseta nueva....todo sea por el equipo

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  3. Muy bueno Guillermo, plasmas en pocas palabras el sufrimiento de casi todos los aficionados de este deporte alguna vez o por qué no más veces de las que quisiéramos en nuestra vida. Desde aquí y desde mi más humilde punto de vista hago un llamamiento si es que se puede a los organismos competentes porque señores... si se pudo poner una sencilla regla como apagar el móvil durante las partidas por qué no poner " obligatoria asistencia a los torneos recién duchados y con ropa limpia" (si no por lo menos que algunos organizadores se hagan eco de esto y lo pongan como condición de asistencia a sus torneos) porque sinceramente no hay derecho.Ensucia,asquea,revuelve,indigna y da mal ejemplo de este deporte. Un abrazo a todos
    pd:tranquilos estoy recién duchado y perfumado

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  4. Como diría un archiconocido GM : "Usted es maestro y sabe que la amenaza es más fuerte que su ejecución". Este es un claro ejemplo de como intimidar a tu adversario por métodos no precisamente "limpios" jejeje.

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  5. Me alegro que os guste el artículo. Eso anima. Gracias a todos.

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  6. Mucha culpa de "permitir" estos personajes que todos conocemos, lo tienen los organizadores. Muchos ya conocen las "formas" de algunos titulados y lo más sencillo es ponerle remedio evitando que jueguen. Si en todos los torneos les deniegan su participación, lo más lógico es que cambien de actitud higiénica, el que no...pues se verá sin torneos.
    Es importante contar con la participación de un titulado en un determinado torneo, pero es más importante aún que los aficionados se sientan cómodos, si no, no vuelven y ellos son los que mueven los torneos "Open"

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  7. Ya, Javier, pero el problema no queda, ni mucho menos, en los profesionales.

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  8. Garrido, un Open es eso, un abierto, y no creo yo que legalmente se pueda decir no juegas por marrano, tendrías primero que permitir al jugador que vaya a jugarlo y luego si está en malas condiciones avisarle que así no podrá jugar, y entonces ya, parte del daño está hecho, la mala imagen de verlo ya daña la sensibilidad de algunos.

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  9. El que jueguen algunos maestros , por no verle la cara hace que te concentres en el tablero , yo creo que he logrado alguna victoria con ese método, porque habéis hecho cuentas de los bellezones que vienen a los torneos de semirapidas.

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  10. LA EDAD MEDIA ERA EL CALDO DE CULTIVO,DE INNUMERABLES BATALLAS, POR LA CONQUISTA DEL CASTILLO AJENO Y DERROTA DE REYES Y SEÑORES DE LA NOBLEZA, ERAN HORDAS DE MALOLIENTES GUERREROS QUE PESE A SU HEDOR CONSEGUÍAN UNA VICTORIA TRAS OTRA Y ASÍ CONSEGUÍAN SU OBJETIVO FINAL.CREO QUE ESTA GENTE TRASLADA EL ROMANTICISMO DE AQUELLAS ÉPOCAS A LOS TABLEROS.LUCHAR CONTRA ELLOS ES RECORDAR AQUELLOS AÑOS DE POBREZA COMO LA QUE ESTE DEPORTE DA A ALGUNOS DE ESTOS MAESTROS.
    LOCURA Y POBREZA ESO LES QUEDA ,ME DAN PENA.

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  11. No hablo mal de los maestros. Todo lo contrario. Si se fijan pongo ejemplos y no limitados a maestros. No comparto para nada la estúpida actitud actual de desprecio hacia quienes son maestros justamente porque son los mejores. Entre ellos he visto las actitudes más deportivas y exquisitas, pese a que existan excepciones. No son ninguna "horda de malolientes guerreros". Son el mejor ajedrez en un juego muy exigente; un juego que paradójicamente ha entrado en decadencia en su mejor momento técnico. Hasta ayer eran admirados por todos y hoy algunos les miran, estúpidamente, por encima del hombro.

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  12. CREO QUE NO HAS COMPRENDIDO MI MENSAJE,NO TE CRITICO A TI ,SI NO AL SISTEMA , QUE FAVORECE A LAS ESTRELLAS DE UNOS DEPORTES CON CANTIDADES INMENSAS DE DINERO Y FAMA Y SE OLVIDAN DE OTRAS ESTRELLAS"LAS DE NUESTRO DEPORTE" ,QUE POR NO RECONOCERLES SU ESFUERZO Y SU ENTREGA SE VEN COMO MENDIGOS PERDIDOS EN LA CALLE.A ESO ME REFIERO.POR ESO PIDO COMPRENSIÓN Y AYUDA PARA ELLOS POR PARTE DE LAS DELEGACIONES, ¿QUIEN SE VE COMPARTIENDO CAMPO CON MESSI?.NOSOTROS SI COMPARTIMOS TABLERO CON MUCHOS DE ELLOS.

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  13. Creo que entendí bien el mensaje. Mi respuesta no iba dirigida en exclusiva a tí, ni mucho menos. Pensaba en el enorme bandazo actual de opinión: hace años se ansiaba, se promovía y se admiraba la presencia de maestros en todo tipo de torneos. En la actualidad muchos se expresan con desprecio y me parece torpe y superficial.

    Tú si hablas de una "horda de malolientes guerreros" que te "da pena". Creo que ni es una horda ni son malolientes en su inmensa mayoría ni creo que, como personas dignas, admitan la cuestión en términos de "pena". No te preocupes que he entendido tu metáfora medieval desde el principio... pero no me gusta.

    Hay otra cuestión distinta. Se trata de la organización de los torneos. Creo que ha existido (y sigue existiendo, devaluada por el poco dinero...) una tendencia a ver y tratar a los maestros como gladiadores en la arena, malpagados, a los que se reclama efusión de sangre. Cada organizador con cuatro perras gordas deseaba la presencia de muchos maestros "para pasar a la historia del ajedrez".

    ¿Y si la tendencia hubiera sido otra, más honesta: invitar SÓLO a un número de maestros acorde con el presupuesto de cada torneo? Es decir, invitar a un número tal que pudieran optar a una compensación medianamente aceptable y respetuosa por su trabajo. Y, lógicamente, exigiendo y contratando a los que cumplen... Esa habría sido una tendencia, en muchos sentidos, inmensamente sana.

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